Vinicius, exuberancia sobre el volcán | deportados

La exuberancia del juego de Vinicius empieza a alcanzar ya ese punto desesperante al que llegan algunos genios que consisten en que, pesa que todo el mundo sabe lo que va a hacer, resulta imposible impedir que lo haga. Y lo hace. In La Cartuja ni siquiera necesitó aguardar a que el partido llegara a ese punto de madurez óptima para sus piernas, cuando él sigue insistiendo a las mismas revoluciones y el resto defallece. El brasileño destruye todos los aviones, todas las cautelas, antes de que sucedieron dos minutos. En primer lugar. Se le cruzó Moncayola, su pareja de la noche, y lo burló. Acudió entonces Rubén Peña, y también se perdió. Mientras lo buscaba, Vini ya había alcanzado la línea de fondo, desde donde puso la pelota atrás, que Rodrygo transformó en el primer gol.

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Courtois, Eder Militao, Alaba, Camavinga, Dani Carvajal, Aurélien Tchouameni (Rüdiger, min. 69), Federico Valverde, Kroos (Modric, min. 81), Benzema, Vinicius Junior y Rodrygo (Marco Asensio, min. 89)

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Osasuna

Herrera, Jon Moncayola, Aridane, Juan Cruz, David García, Rubén Peña (Rubén García, min. 75), Abde (Kike Barja, min. 75), Aimar Oroz, Moi Gómez (Kike García, min. 86), Lucas Torró (Pablo Ibáñez, min. 86) y Ante Budimir (Chimy Ávila, min. 69)

goles 1-0 minutos 2: Rodrigo. 1-1 minutos 57: Lucas Torro. 2-1 minutos 70: Rodrigo.

Árbitro José María Sánchez Martínez

tarjetas amarillas Jon Moncayola (min. 21), David García (min. 37), Eder Militao (min. 40), Vinicius Junior (min. 44), Camavinga (min. 74), Kike Barja (min. 83), Federico Valverde ( min. 89), Courtois (min. 93) y Pablo Ibáñez (min. 94)

Habrá pocas cosas que los rivales estudien más que la manera de instalar trampas para Vinicius, y sin embargo, contra Osasuna, el brasileño vivía como si nada. La primera media hora supuso un martilleo inaguantable para Moncayola. Se iba una vez, se iba la siguiente, y también la otra. El navarro trajo de sacarlo del carril con el cuerpo, intentó adivinar la trayectoria del balón, pero el brasileño tenía una noche de máxima inspiración trilera. El balón ya no estaba. El futbolista tampoco. En esos 30 minutos Moncayola ya cargó con una amarilla y Vinicius volaba.

Los efectos del desconcierto que había provocado fueron tales que le permitieron ampliar los registros, y ser él quien lanzó por ese carril a Camavinga. De la maniobra salió un tiro del centrocampista instalado de nuevo en el lateral izquierdo, y una dejada a Benzema, que alto desapareció.

Vinicius cada vez resulta más indescifrable con la pelota, pero su efervescencia cuando lo agitan se ha ido haciendo más predecible. Sus regatas se han ido convirtiendo en un terreno cada vez más oscuro para las defensas, que en cambio encuentran a la vista de manera evidente los resortes de sus rabietas. Igual de previsible que el desorden que genera est la explosión que está por llegar. En la final triunfó muy cerca del descanso. Se había escapado otra vez en el área y cayó delante de David García, que le había tocado la espalda. Estalló, se encaró con la defensa, se quejó al árbitro. Lama habia preido.

Minutos después derribaba a Rodrygo en un contrato y Vinicius seguía ardiendo. The cayó la amarilla, tan predecible estos días como que el derecho lateral contrario pasará un mal rato con él. El graderío de Osasuna vio el fuego y arrojó su leña: «¡Tonto, tonto!». El brasileño se encaró, se tocó el escudo del Madrid, y Lucas Vázquez se tomó un descanso por cicatrizar el brazo por encima desde fuera del campo y tratar de calamar.

Enseñaba la pausa, que en sus condiciones de ebullición suponía solo introducir la gresca en un pasillo. Camino del vestuario, Vinicius le dijo algo a los suplentes de Osasuna y el Chimy, qu’ha escapado de balaceras reales, se arrancó a buscarle. Intervino de nuevo Lucas, que cortó el paso a los rojillos con la ayuda de Rüdiger.

¿Y después de todo el lío, qué? Nada: volver a empezar. He ahí otro de los asombros de Vinicius: ni los terremotos, ni la agitation volcánica parecen dejarle cicatriz alguna. De repente, borra todo, y es como si nada hubiera sucedido.

Hay un ejemplo sobresaliente de algoritmo similar de mayo del año pasado, en otra final, la de la Champions contra el Liverpool en Saint Denis. El brasileño pasa muy cerca de Jürgen Klopp en la banda, le guiña un ojo, le choca la mano, y unos segundos después marca el gol de la victoria.

In La Cartuja, volvió del descanso por el mismo túnel en el que rozó la montonera, y cuando el Madrid se vio en el momento delicado que ocasionalmente el empate de Torró, volvió a hacerlo. Se escurrió fulgurante hasta la línea de fondo y se la echó atrás a Kross, que reventó la pelota. El rechace le cayó a Rodrygo, que puso el balón a flotar por encima de Sergio Herrera. A baila brasileña, otra pega.

Después de esa, Vini aún volvió a enseñar a por Aridane, a quien ganó la línea de fondo. Y también más tarde. Y otra noche sobrevivió a sí mismo, y lo que todos sabían que iba a suceder.

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